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miércoles, 26 de mayo de 2010

Ensayo y error


Cuando escribo trato de hacerlo desde muy adentro, realizando un ejercicio de introspección que implica reabrir heridas o mantenerlas abiertas un cierto momento, pero hoy voy a cerrar todas esas heridas, voy a dejar de hablar de los actores secundarios de mi vida, porque ya los he invocado demasiado y muy pocos vale la pena mencionar aquí... 

Tengo un montón de guiones dando vueltas en mi cabeza, cada día y a cada momento, a veces pareciera que viviera en una película porque a veces no entiendo nada de lo ha sucedido, a veces las situaciones parecen un mal sueño, a veces parece que vivías una vida que no era la tuya, o de un momento a otro te la robaron y te encuentras aquí, en París, en una ciudad que no es la tuya, en una vida que no te tocaba vivir...

Qué hubiera pasado si me hubiera ido a Malamulele, si hubiera tomado ese avión a Sudáfrica o si nunca hubiera partido de mi país? Quizás Malamulele me habría hecho descubrir un montón de cosas buenas... y si me hubiera ido a Bruselas y estuviera viviendo en ese gran departamento de Ixelles? Qué hubiera pasado si no hubiera vuelto a París y me hubiera quedado en Nueva York de ilegal, o mejor dicho en Washington? Qué hubiera pasado si me hubieran aceptado en Haití, habría sobrevivido ese terremoto? Quizás ya estaría muerta o quizás ya hablaría el creole. Cómo sería todo sin este doctorado? Y si me hubiera ido con un circo siguiendo el camino de trapecistasinred o el camino de todos esos amigos soñadores que he perdido de vista?

Cómo sería mi vida ahora? Sería más feliz?

Sólo sé que en algún momento me perdí.

Quizás mañana me toca cambiar mi destino o quizás simplemente tengo que desandar mis pasos y volver al origen, besar la tierra de mi patagonia, besar la tierra de mis abuelos, reencontrar mi lago perdido de Icalma, visitar mi amiga querida en el altiplano, besar a mis padres y recomenzar.

Mi tortuga Montreux - La Carne

viernes, 18 de diciembre de 2009

El baile de la Victoria


En mi vagar incesante y solitario por las calles de Madrid, me he encontrado una película sobre Chile, de la cual jamás había oído hablar: su nombre es "El baile de Victoria" y es la ultima película del famoso director español Fernando Trueba, y también ha sido el film elegido por España para presentar a los Oscar como mejor película extranjera. Sin embargo la crítica española es más bien negativa con esta película basada en la obra homónima del conocido escritor Antonio Skarmeta.

La película transcurre en Chile, durante la transición democrática, justamente en el periodo en que Pinochet es extraditado de Inglaterra, y narra el cruce entre de tres personajes ordinarios, comunes, marginados de la sociedad: Vergara Grey, famoso ladrón experto en cajas fuertes, Ángel Santiago, joven ladronzuelo y Victoria, joven bailarina muda aplastada por la vida. La película narra con poesía y notas de realismo mágico una oda a los que se quedaron atrás y con esa pieza reivindica su espacio en la vida.
Trueba juega con elementos muy chilenos que van desde los burdeles y los completos hasta la cordillera, los cóndores y los caballos. La fotografía de Chile y como relata los diferentes imaginarios chilenos es muy preciso, sin embargo muchas veces los guiones son un poco escuetos y hay escenas familiares de Vergara Grey que dejaría de lado.

Trueba homenajea nuestro país con esta película, pero al mismo modo muestra sus heridas. Con el personaje de Victoria Ponce señala el trauma de este país, la herida abierta, el país mudo que ha estado atormentado, que ha sido torturado y que ya no puede hablar. Trueba no tiene tapujos en develar al hombre pudiente de derecha que se lleva a la mujer de Vergara Grey, personaje que llevaba más de diez anos de prisión.
Finalmente esta película hace añorar un Chile perdido, rural, un Chile en el que el galán no transporta su novia en un auto de lujo, si no que la lleva a caballo, un Chile pasado a naftalina y polvo que se quedo guardado en un cajón.


Tráiler de la película

domingo, 6 de diciembre de 2009

Elecciones en Chile

En París, todos los especialistas tratan de dilucidar lo que va a suceder la próxima semana, durante las elecciones Presidenciales en Chile. Algunos se maravillan con el fenómeno de MEO (Marco Enríquez-Ominami), mientras que otros anuncian el fin de la era concertacionista. Por mi parte, incapacitada a votar por mi candidato, sólo por encontrarme a miles de kilómetros de distancia, los observo.

De partida, es necesario hablar del fenómeno MEO, personaje que reencarna muchas posturas políticas y finalmente no representa mucho más que el concepto "díscolo": nacido en el exilio, hijo de un ícono revolucionario del MIR, el cineasta divorciado de las ideas socialistas y casado con la social democracia y el rating televisivo, propone ofertones baratos para los jóvenes apolíticos de la sociedad chilena y a uno que otro actorcillo de telenovelas. Meo es un fenómeno televisivo, un fenómeno mediático, que ha sido creado por los medios de comunicación - que en nuestro país son propiedad de la derecha - que vio en él la posibilidad de dividir a la Concertación y quebrar el eje "izquierda-derecha". El "díscolo" de Meo no sería lo que es hoy, si los altos mandos de la Concertación lo hubieran incluído en las votaciones internas para decidir el candidato del grupo. Sin embargo, Meo es el personaje que le vino a poner un poco de entretención al debate presidencial y a poner en jaque el status quo de la transición democrática chilena.

Puesto que entre Eduardo Frei - el ex Presidente de la República que ha sido uno de los presidentes peor evaluados de la Concertación y uno de los con menor carisma y labia política - y Piñera, que nos propone una reinvención del neoliberalismo y mucha mano dura, los chilenos no tenemos mucha elección.

Afortunadamente existe un candidato que si tiene cordura, inteligencia e ideas para generar un verdadero proyecto de país, ese candidato se llama Arrate y desgraciadamente no representa más que un 5% de los electores. Sin embargo, Arrate vino a decir aquello que no quería hablarse, los temas que molestan y que crean discordia, porque en Chile cuesta discutir ideas y hablar los temas de frente. Como decía el otro día en la Maison de l'Amérique Latine, el profesor Georges Couffignal, Chile es la sociedad más conservadora e hipócrita de América Latina.

Por mi parte creo que nuestra sociedad tiene muchos errores, pero al menos las malas experiencias nos han enseñado el significado de ciertas instituciones, por lo cual creo que los resultados no serán nefastos...

Veremos a quien eligen los chilenos este próximo domingo (aunque aún nos falta la segunda vuelta).



Un poco de la Franja Presidencial en Chile:

Opción 1: Jorge Arrate
Juntos Podemos Más



Opción 2: Marco Enríquez Ominami
Nueva Mayoría para Chile



Opción 3: Sebastián Piñera
Coalisión por el cambio



Opción 4: Eduardo Frei
Concertación de Partidos por la Democracia



Links de los candidatos:

www.arratepresidente.cl
www.marco2010.cl
www.efrei.cl
www.pinera2010.cl

viernes, 13 de noviembre de 2009

Santiago y la flaca


En mis búsquedas nocturnas sobre política en Chile, encontré un documental que hace muchos años quería ver: "La Flaca Alejandra" de Carmen Castillo. En este documental Carmen despliega todo su talento de documentalista con su particular estilo de narradora en primera persona y captura de manera inigualable los relatos de mujeres torturadas y más precisamente la experiencia de "la flaca" o Marcia Alejandra Merino, ex-dirigente del MIR, a quien la DINA, mediante la tortura, consiguió transformar en delatora de sus compañeros.  


"Esta ciudad de noche podría ser Berlín, Houston, Paris... Torres, avenidas, autos, mercancías, con dinero todo se puede comprar en Santiago. Una sociedad entera obligada a no ver, no oír, no saber, una sorda amenaza exige que se olvide, que se olvide incluso que hay algo que olvidar."
Carmen Castillo, "La Flaca Alejandra"

La película en línea aquí:
http://apunt3s.blogspot.com/search?q=la+flaca

jueves, 15 de octubre de 2009

Becas Chile y el consumo educativo

Hoy superé la etapa "sigue participando" y "looser" porque envié mi carta de apelación a las Becas Chile (que obviamente no gané) a ver si reconsideran mis puntuaciones.

Porque ganar una beca no es un juego de niños, aquí van algunas de las condiciones que tienes que tener para ganarte uno de estos preciados bienes nacionales:

1- Ser parte de una comunidad étnica, como los mapuches, los onas, yaganes, diaguitas, chonas, entre otros. Lamentablemente soy solamente chilena.
2- Ser discapacitado. Doy gracias de no serlo.
3- Ser de regiones. Soy de Santiago y me gusta serlo!
4- Residir en Chile. Vivo en Francia hace harto rato. Yo pensaba ingenua que estar en un master o doctorado les gustaría.
5- Tener una carta de patronicio de un partido político, empresa, institución del gobierno, etc. Lamentablemente no me auspicia nadie, ni tengo pituto en ninguna parte.
6- Trabajar un tema prioritario para el país. Trabajo un tema prioritario para mi vida, para mis proyecciones y mis intereses.
7- Excelencia del postulante. Saqué más de 700 puntos en la P.A.A. Estudié en la PUC (una de las mejores universidades chilenas), hice un master en una de las mejores instituciones francesas. ¿Qué más quieren?
8- Universidad y ranking. Elegí Francia, país que sólo cuenta con 8 becados para doctorado. ¿No que era un país líder y con muchas becas? ¿No vino Bachelet a firmar un acuerdo de Becas? Todo era para la foto.

Además por qué no nos bonifican a todos esos que nos sacrificamos aprendiendo bien el idioma hasta tener un nivel casi bilingue, por qué no bonifican el hecho de estar instalado y no tener hijos ni esposos que mantener? Por qué el Estado chileno tiene que pagar por las esposas y esposos, hijos y además pagar nivelación de idiomas?

Entre la gente que se ganó las becas tengo algunos conocidos y entre sumas y restas, con mi amiga Camila - que si se ganó la beca y se la merece mucho, felicitaciones para ella - pudimos corroborar que las postulaciones a universidades americanas, australianas y canadienses influyen bastante y fueron mayoritarias. Me pregunto que hubiera pasado si hubiera postulado a una de esas universidades. ¿Tendría mi beca hoy si no hubiera optado por Francia? Nunca lo sabré porque no cambiaré de idea.

Sin embargo, estas postulaciones dejan entrever la clase de profesional que quiere el Estado chileno. Un profesional que elija según un Ranking y no según la calidad de la investigación que tiene una determinada universidad ni por un profesor en particular, ya no importa la tradición ni la línea de investigación, sólo importa el ranking, el país y los acuerdos de libre comercio con dicho lugar. Estas nuevas élites chilenas estarán más basadas según nombres de universidades y fondos de postal, que según calidad de la investigación y la docencia.






jueves, 1 de octubre de 2009

El gueto y el país



Hace mucho tiempo atrás, cuando decidí tomar mis maletas y largarme de esa larga faja de tierra que se extiende entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico, no pensaba que me iba a encontrar con el gueto – que yo designo aquí como una pequeña comunidad de un país que se reúne con frecuencia y que evita el contacto con aquellos que provienen del país en el que habitan –. Uno cuando cruza el océano no piensa que lo primero que encontrará, más que una nueva cultura, la torre Eiffel y las baguettes, son esos compatriotas que serán tu nueva familia a los que te tienes que adaptar.

Cuando crucé por primera vez el atlántico portando en mis maletas mi vida entera, me encontré con esos expatriados que me imponían cosas y que al mismo tiempo me hacían sentir como en casa. En esos grupos cerrados que se reúnen de tanto en tanto para sentirse más seguros, pude apreciar que para vivir en el extranjero y en un país de otro idioma, muchas veces puedes sobrevivir sin ni siquiera hablar tres palabras de corrido en el idioma oficial.

Como mi personalidad no es de esas que busca complacer a todos los que me rodean, si no que prefiero ser sincera conmigo misma y con los otros, me desligué del gueto y armé mi propia vida lejos de ellos. Con un viejo amigo que vive en los Estados Unidos, conversábamos un día sobre esos guetos, ese “pueblo chico infierno grande” donde todos saben algo de ti y quieren saber más aún. Les interesa saber donde estudiaste, en que comuna creciste, quienes son tus padres, como te iba en la Universidad y cuales son tus planes de futuro. Ese pequeño gueto que controla tu vida y te juzga con los valores de antaño.

Cuando los reencontré me pregunté: ¿Por qué tengo que hacer como que son mis amigos sólo porque tenemos un pasaporte en común? ¿Serían todos ellos mis amigos si estuviera en mi país? Y luego me encontré con gente que conocí en mi país y que jamás fueron mis amigos, personas que veía a diario con las que jamás cruzaba una palabra… ¿Por qué aquí, a miles de kilómetros de distancia deberíamos pasar fiestas y festividades juntos?

Mis amigos no los elegí de acuerdo al pasaporte, si no que según sus características particulares, de acuerdo a lo que compartimos cuando estamos juntos, y lo que me hacen sentir cuando los veo… de esos amigos que conocí aquí, son pocos con los que tenemos ese larga faja de tierra en común. Para mi, la nacionalidad no es una tragedia como para el candidato Marco Enríquez-Ominami, si no que es una casualidad, una etiqueta con la que todos tenemos que portar. Ser de una determinada nacionalidad no debería alejarnos de los otros, de esos extranjeros, sino que debería permitirnos y motivarnos a descubrir ese otro, que carga con un imaginario distinto.

sábado, 21 de marzo de 2009

Saudade
















"¿Qué es lo que se pierde al cruzar una frontera?, cada momento parece partido en dos, melancolía por lo que queda atrás y por otro lado, todo el entusiasmo por entrar en tierras nuevas".


Ernesto Guevara de la Serna.


Al cruzar una frontera no sólo dejas atrás tu país con la gente que te quiere y que te vio crecer, sino que dejas también un imaginario colectivo, una cultura particular, una sociedad inventada. Además, en algunos casos tu idioma materno, con sus variantes y su gestualidad, debe dejarse a un lado.


La primera vez que atravesé el océano tuve la misma sensación que el Che cuando iba internarse en las tierras latinoamericanas. Me invadía una gran melancolía por dejar a mi familia y amigos, pero al mismo tiempo tenía una gran alegría de descubrir nuevas culturas y nuevos mundos.

Al dejar un atrás un país te sientes un poco huérfano porque aunque por muy solo que estés en la ciudad que creciste, todo lo que te rodea es familiar: desde la lectora de noticias, los vendedores ambulantes hasta el chofer de micro.

Por el contrario, vivir en un país extranjero implica adecuarse a maneras de ser de una cultura diferente a la nuestra, como también a una adquisición de gustos, de rutinas, flexibilidad que se vuelven más complejas cuando tienes que lidiar con el idioma. Tienes que predisponerte a estudiar una cantidad de códigos sociales que no sabremos develar durante un buen tiempo.
Por ejemplo, en mi caso, a pesar de que crea que las noticias televisadas de mi país sólo muestran una décima parte de lo que pasa en el mundo las disfruto como nunca disfrutaré las noticias de mi país adoptivo. Lo que se replica en otros ámbitos de la vida también.
Cuando creces en un país y luego te vas a otros necesitas tus referencias para sentirte en compañía.

Benedit Anderson dice que las naciones son invenciones de la modernidad y se cuestiona porque personas que no tienen nada en común formen un país.
Por otro lado, Simón Bolívar, seguido por el Che, quería construir una América Latina unida y ponía en duda las fronteras de estos pueblos.

Sin embargo, aunque la nación sea ilusoria, aunque la hayamos inventado una serie de tradiciones -mitos, leyendas, fiestas, bailes populares, etc.- para sentirnos parte de algo ¿Por que ese algo de la chilenidad, del otro chileno, se nos hace más ausente que nuestra propia tradición?

Quizás tenga relación con los medios que han logrado inculcarnos un patriotismo que se hace presente en algún partido de fútbol o en un conflicto limítrofe con los países vecinos o simplemente, es algo con lo que hemos crecido año a año: con las fiestas escolares, los bailes, nuestra música particular y nuestra manera tan particular de comportarnos, tanto al hablar como al vivir cada momento como si fuera el último.