Cuando estudiaba sociología, más exactamente sociología del símbolo, conocí el mito del eterno retorno que planteaba una repetición del mundo en donde el mundo se extinguía para volver a crearse, el mundo se construía para que los mismos actos ocurrieran una vez más en un círculo sin fin.
Del mismo modo que las tribus u otros grupos sociales, creo que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio eterno retorno, puesto que repetimos acciones una y otra vez sin darnos cuenta. Repetimos los mismos errores, los mismos gustos, las mismas vestimentas de distintas formas tratando de parecer distintos pero haciendo lo mismo una y otra vez más. Muchas veces he creído que algunas cosas de mi vida estaban superadas, sin embargo, basta sólo con que una canción suene o un recuerdo venga a mi mente, para que como piezas de dominó, se desaten en emociones conservadas muy en el fondo y es como si las cosas nunca se hubieran superado, esas sensaciones antiguas se apoderan de mí y vuelven a perseguirme comenzando nuevamente una historia de nunca acabar.
Después retomo la calma y me digo que la mente y las sensaciones me juegan malas pasadas, que sólo depende de mí, sin embargo como las tribus que estudiaba en clases, a veces hay que hacer ritos para cerrar ciclos y superar etapas.
Un poco de The Do...

